Molina de Aragón es una de las tres ciudades con que cuenta la provincia de Guadalajara. Molina de Aragón rebosa historia y arte por sus cuatro costados. Es la capital del Señorío de Molina y su nombre lo citan las crónicas árabes al contar los triunfos de Tarik. En 1129 fue conquistada por Alfonso el Batallador, rey de Aragón aunque consorte de Castilla, y en 1140, debido a las diferencias entre Alfonso VII de Castilla y don Ramiro el Monje de León, pasó como señorío al conde castellano don Manrique de Lara. Fue incorporada, a la muerte de su señora doña María de Molina, esposa de Sancho IV el Bravo, al reino de Castilla, y durante unos del siglo XIV, al de Aragón, volviendo a pertenecer a Castilla en 1375. Varias guerras pasaron devastadoras sobre ella, como las de Sucesión y la de la Independencia, durante la cual, en 1811, fue incendiada por los franceses, y el sufrimiento de sus habitantes fue recompensado con el nombramiento que las Cortes de Cádiz le hicieron de Ciudad Muy Noble y Muy Leal, además de Valerosa.

En 1965 se declaró a Molina de Aragón conjunto histórico-artístico. En otro orden de edificios, debemos recordar la iglesia románica de Santa Clara, construida en la segunda mitad del siglo XII. Sus muros son de sillar fuerte y en el interior, de una nave con acentuado crucero, se ven soportes románicos, coronados por capiteles finamente tallados. El arco triunfal es ligeramente apuntado, y la cubierta de crucería simple, del tipo cisterciense en el crucero y bóveda apuntada en la capilla mayor. El ábside y la portada sur son netamente románicos.

Rutas turísticas

Recorrer las estrechas calles de Molina de Aragón es un placer en el que van saltando las sorpresas de descubrir iglesias románicas (Santa Clara), palacios barrocos (el del Virrey de Manila) o grandes retablos renacientes (el colocado en San Gil). Pero también supone buscar, y encontrar, rincones urbanos de sorprendente belleza, como la plaza de Traspalacios, la propia plaza mayor, o la Calle de las Tiendas. Desde cualquier sitio, y a muchos kilómetros de distancia, sorprende la silueta, y luego el detalle, del castillo de los condes de Lara, obra extraordinaria, de las mas grandes de España, de arquitectura militar medieval.

Desde Molina puede seguirse por el norte a visitar pueblos típicos del Señorío: Milmarcos con sus palacios hidalgos y su gran templo parroquial; Tartanedo, con otros tantos elementos del estilo; Hinojosa, en cuyo término aparece aislada en un sabinar la ermita de Santa Catalina, puramente románica, y Fuentelsaz, también llena de palacios, Embid con su gran castillo en ruinas, y Zafra, en término de Campillo de Dueñas, donde la grandiosidad del paisaje rocoso acoge el castillo, hoy restaurado, de los condes molineses.

Hacia el este se puede llegar a las minas de hierro de Setiles, y bajar a Alustante, un enclave lejano pero lleno de obras de arte interesantes. Por el sur puede penetrarse en lo mas suculento del Alto Tajo molinés: por Tierzo y Taravilla se llega a la laguna de este nombre y al pico de la Machorra, bajando a cruzar el Tajo por el puente de Poveda. Por Pinilla se llega a Peralejos, a Chequilla y Checa, todos ellos con suficientes atractivos naturales, en alturas pinariegas y hondas hoces del Tajo, como para justificar un viaje.

Gastronomía típica de Guadalajara

El cabrito

Con una receta que tienen a gala los cocineros alcarreños de mantener secreta, los hornos de la Alcarria (son famosos los de Jadraque) son especialistas en preparar el cabrito de finas cartas y suaves hebras sobre anchas cazuelas de barro, adobado con hojas de laurel, tomillo y un sí-es, no-es de vinagre. Su paladeo suavísimo, la presentación y el gusto que se prende al cerebro, hacen volver a todos los viajeros que pararon a degustarlo. También el cordero y por supuesto el cabrito se prepara con primor en otros lugares de la Alcarria, como Cogolludo, la capital Guadalajara, Brihuega y Sigüenza.

Los bizcochos borrachos

Los alcarreños son muy golosos. Con azúcar y vino se preparan, emborrachándolos, unos pequeños bizcochos a los que sabían dar el toque justo de empapado los viejos confiteros de la calle mayor de Guadalajara. En Tendilla los suben de sabor con canela, y en todo caso son el elemento gastronómico mas típico de Guadalajara, sin que pueda decirse bien rematado un viaje a esta tierra si no se lleva una caja de los dichos dulces.

Yemas de Sigüenza

Con la clásica fórmula de la yema de huevo y el azúcar, estos pequeños dulces, muy intensos de sabor, se fabrican especialmente en Sigüenza, donde han huido de la densidad del dulzor para adecuarse a la suavidad del equilibrio del huevo dulce. Presentadas en papeles transparentes, su color amarillo es inconfundible y siempre supone un detalle de recuerdo a quienes se les cuenta el viaje a la Ciudad Mitrada.

Setas de Galve

Son las reinas del bosque, con su color anaranjado, o su suave sombrero, puestas guisadas, o simplemente fritas sobre la sartén casi huérfana, los níscalos, las setas de cardo, y algún boleto que otro que de vez en cuando el otoño nos brinda, son los mejores frutos de la tierra, que en toda Guadalajara, pero sobre todo en Galve, saben cocinar como en ninguna parte. En la zona de Molina de Aragón es fácil recoger níscalos y setas de cardo.

Variedades de miel

Por la abundancia de flores aromáticas, arroyos por doquier, y múltiples colmenas, la tierra de Alcarria es productora de miel en grandes cantidades, y en calidades únicas, hasta el punto de que ya tiene reconocido su nombre con apelación de origen; Los lugares donde con mas pureza y sabor se recoge la miel son Ruguilla, Peñalver, Moratilla de los Meleros... pero en realidad de todos los pueblos de la comarca puede hablarse bien en este sentido. Colores diversos (unas blancas puras, otras transparentes con color de oro viejo, otras casi grises) y sabores también muy variados conforman la oferta del producto rey de la Alcarria, la miel de sus mil panales.

Truchas del Gallo

Aunque todos los ríos de curso rápido, altura notable y frías aguas son productores en cantidad de truchas, especialmente el Gallo las tiene acreditadas, y se ofrecen en suculentas preparaciones en los fogones de la ciudad de Molina de Aragón o en la Hospedería del barranco de la Hoz. Con jamón, con pimientos, con patatas, acompañadas cuando se puede de cangrejos, siempre es la trucha el elemento rey de la gastronomía molinesa.

Si desea más información sobre Molina de Aragón puede visitar www.molina-aragon.com

 

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